Agustín Artiles Grijalba -Champi-
Un nadador realiza un boque de 10×100 repeticiones y en la última de ellas le pide a su entrenador que le cronometre, a lo que le técnico accede. El deportista lo da todo, llega a la pared cansado y convencido de haber hecho un registro sorprendente. Se gira de inmediato esperando que el entrenador le alegre el día y ZAS, su peor pesadilla se ha hecho realidad, el técnico se despistó un instante hablando con otro nadador, no se dio cuenta de que llegaba y no le dio el tiempo.
El preparador, consciente del problema que se le avecina trata de arreglar el desaguisado y le dice un tiempo aproximado. No cuela, el deportista se pilla un rebote enorme y expresa en alto su malestar.
¡Siempre pasa lo mismo!
Me encontré genial, seguro que había hecho un tiempazo
A lo que el entrenador responde.
Comprensible, las otras 9 repeticiones fuiste lento y te reservaste para hacer la última a tope y lograr un marcón.
Hay que esforzarse en todas
La relación de amor y odio que mantienen en ocasiones los deportistas con el cronómetro es enorme y no hay cosa que les siente peor que el tiempo obtenido en hacer una repetición y el resultado final en una competición no se ajuste a la realidad que ellos esperan.
