Agustín Artiles Grijalba -Champi-
Llevábamos poco tiempo juntos. Apenas empezábamos a salir y no se me ocurrió un plan más romántico que llevarla a una competición. Y no a cualquiera: una jornada de la Liga de Promesas en una conocida piscina madrileña.
El programa de pruebas era como para salir corriendo y, entre todas ellas, destacaban veinte series de 400 metros. Tuvo que hacer verdaderos esfuerzos para no quedarse dormida.
Vamos, el plan perfecto para empezar el fin de semana…
—¿Y a ti te gusta esto?
Cloro, ruido, más de cuatro horas de competición, humedad tropical y la sensación de haber perdido un sábado entero.
—Sí, claro… esto es apasionante.
No sé muy bien cómo decidió seguir conmigo después de aquello. Supongo que perdió la capacidad de reaccionar después de la decimoséptima serie de 400.
Cuarenta y cinco años, e innumerables competiciones después, aquí sigue: soportando mis neuras, mis horarios imposibles, fines de semana ocupados, vacaciones marcadas por calendarios de competición y conversaciones que, inevitablemente, terminan hablando de tiempos, estados de forma y piscinas.
Y lo ha hecho sin pedir protagonismo, sin ocupar el centro de la escena, cuando en realidad es la verdadera protagonista.
Detrás de cada entrenador o entrenadora que aguanta, que insiste y que sigue, hay alguien que ha sabido sostener incluso cuando no era fácil hacerlo.
A Inma, mi compañera, mi forma más honesta de agradecerle todo.
Y, a través de ella, a todas esas parejas de entrenadoras y entrenadores que sostienen en silencio: sin focos, sin protagonismo, pero haciendo posible que todo lo demás siga en pie cuando nadie mira y todo parece imposible.
Te quiero.
