METEDURAS DE PATA DEL ENTRENADOR EN LA COMPETICIÓN PRINCIPAL

Agustín Artiles Grijalba -Champi-

Eres un entrenador joven del club de tu ciudad y el momento más esperado ha llegado. En los próximos 3 días se celebrará tu primer campeonato regional  infantil de invierno y tus nadadoras y nadadores están que se salen en los entrenamientos, o al menos esa es la sensación que tienes por los excelentes tiempos que están realizando. Estás muy motivado y nervioso, apenas has dormido en los últimos días y estás deseando que todo empiece, recoger los frutos de tu trabajo y todo termine con éxito.

En el calentamiento de la primera jornada no paras de moverte de un lado a otro, repartiendo consejos. Son las 8.30 de la mañana,  tus chicos no están acostumbrados a competir tan temprano, los tiempos son más lentos de lo habitual y no paras de cronometrar repeticiones de 25 metros a máxima velocidad en tu intento de subsanar el problema. El crono echa humo y después de múltiples intentos le quitas 6 décimas al reloj y el tiempo real de 12.50 se convierte por arte de magia en un brillante 11.90.

¿Problema resuelto?

Otra de tus nadadoras que nada 200 Estilos práctica insistentemente en los últimos minutos el viraje de transición de espalda a braza, gesto técnico que no ha realizado nunca anteriormente en los entrenamientos de esa manera. Como es lógico el ensayo no ha sido satisfactorio y a ella le embargan las dudas sobre cuál de los dos virajes hacer, el de siempre, o el que no ha hecho nunca  hasta este momento.

Los anteriores ejemplos son tan solo una pequeña muestra de algunos de las situaciones con las que nos encontramos los técnicos en las competiciones, empapados de errores que todos hemos cometido en alguna ocasión durante nuestra carrera deportiva, sin mala intención, generalmente por juventud ilusión e inexperiencia y que provocaron inseguridad a nuestros deportistas y tiraron en muchos casos por la borda el trabajo de la temporada.

Algunos de estos fallos los describo a continuación. No son los únicos, pero sí muy habituales:

  • Contagiar nuestro nerviosismo al deportista
  • Presionar y agobiar al nadador con indicaciones de última hora, cuando ya está todo dicho y los deportistas lo único que necesitan es tranquilidad, concentración y confianza
  • Realizar cambios en los instantes previos a la competición, generalmente durante el calentamiento, detalles que no han practicado  anteriormente, ni dominan y con los que no están familiarizados y es necesario probar su eficacia.
  • Exceso de trabajo en los días anteriores al evento, que perjudican la recuperación, cuando el propósito en estos instantes es llegar descansados y que los efectos de la puesta a punto sean los esperados
  • Hacer comentarios negativos que menoscaban la confianza de los deportistas

¡No te veo!, estás haciendo 3 segundos más cada 50.

  • Demasiados sprints y crono en el calentamiento de manera indiscriminada y sin el control adecuado
  • Pronosticar marcas. No somos adivinos y aunque las sensaciones sean positivas no es aconsejable decirle al nadador que va a realizar una marca determinada. Si se cumple queda muy bonito, pero si no es así le creará frustración y dudas sobre nuestro trabajo, con la consiguiente pérdida de confianza en la preparación.

Debemos ser sensatos y coherentes con lo que decimos y hacemos.

  • Comparar resultados: Una de tus chicas lo hizo genial y sin embargo la otra que nadaba la misma prueba no tuvo su mejor día. En vez de arropar lo único que se nos ocurre es acercarnos a la segunda de ellas y reprochar que su actuación no fue la esperada y que debería fijarse en la marca que hizo la compañera.

No entiendo lo mal que estuviste, Marta entrenó lo mismo que tú y lo hizo estupendo.

¡Fíjate y aprende de ella!

  • Descargar las culpas de una mala actuación en el nadador, o tratarle con indiferencia: La prueba ha sido un desastre y lo normal es dejar enfriar la situación y cuando el panorama esté más calmado analizar las posibles causas que influyeron. Sin embargo, en ocasiones (la mayoría de las veces no es así) pasamos de él o ella y descargamos nuestro enfado con el nadador y le culpamos del mal resultado, obviando nuestra responsabilidad

Ser conscientes de nuestros errores, aprender de ellos y evitar que se vuelvan a producir. Entender que el  trabajo ya está hecho y que es el momento de la tranquilidad y la confianza, Ser positivos y saber que lo único que nos queda es recoger el fruto de nuestro trabajo, teniendo claro que si el nadador no ha entrenado lo que debiera, no debemos esperes milagros y que si lo hizo como deseábamos, esa será la mejor garantía.

Imágen

https://www.newcastleherald.com.au/story/2358542/swim-coach-under-new-scrutiny/

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