PARÍS 2026. QUE HABLEN VUESTRAS BRAZADAS

Agustín Artiles Grijalba-Champi-

Hubo un tiempo en que la natación española contaba sus éxitos con los dedos de una sola mano. Cada medalla era una conquista, cada final, un acontecimiento y cada nombre que subía al podio, un referente para quienes soñaban con llegar algún día.

En Leipzig 1962, Miguel Torres abrió el camino con una plata en los 1.500 metros libre. Cuatro años después, en Utrecht 1966, Jaime Monzó recogió el testigo en los 200 metros espalda. Y en Barcelona 1970, Santiago Esteva, con sus 4 medallas (2 de Oro) llevó a nuestra natación a otra dimensión con una actuación que quedó grabada para siempre en nuestra memoria.

Después vendrían años de lucha, de espera y de nuevas barreras por derribar. Años en los que llegarían los primeros grandes triunfos en categoría femenina: la primera medalla continental conquistada por Silvia Parera en Sheffield 1993, y el primer oro europeo, logrado por María Peláez en Sevilla 1997.

El siglo XXI estaba a punto de comenzar y, con él, una generación dispuesta a llevar nuestros sueños todavía más lejos.

Ellos y ellas abrieron la brecha. Detrás vino la gran ola: campeones y plusmarquistas que convirtieron el podio de Europa en nuestra casa. Desde Helsinki 2000 hasta las citas más recientes, la natación española ha consolidado su presencia entre la élite del continente. Berlín, Debrecen, Roma, Glasgow, Budapest… cada piscina añadió una nueva página a nuestro legado.

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