LA VIOLENCIA EN EL DEPORTE. ¿QUÉ ESTAMOS HACIENDO MAL?

Agustín Artiles Grijalba –Champi-

Cada vez es más corriente despertarnos y contemplar en prensa, televisión y redes sociales noticias e imágenes de agresiones o peleas entre padres, generalmente en partidos de futbol y sin descartar otros deportes, que impactan, duelen y personalmente me obligan a recapacitar y preguntarme que estamos haciendo mal.

¿ Cómo es posible que en pleno siglo XXI se produzcan escenas semejantes ?

Parece mentira qué en ocasiones algunos no seamos capaces de darnos cuenta de lo privilegiados que somos y deberíamos sentirnos cuando nuestras chicas y chicos realizan la actividad deportiva que más les gusta, aunque tan solo fuese  por adquirir algunos de esos valores que tanto apreciamos y buscamos a nuestro alrededor  y cuando los tenemos al alcance nuestra mano, los desechamos incomprensiblemente.

No nos equivoquemos, la violencia en el deporte de una minoría no es patrimonio tan solo de algunos padres, ni tampoco de este o cualquier otro deporte.

Es una cuestión que nos incumbe y afecta a todos, que por desgracia está a menudo presente en nuestra actividad cotidiana a través de gestos, insultos, menosprecios, acoso escolar y críticas despiadadas sin fundamento alguno.  

El deporte ante todo deber ser superación,  educación, solidaridad, tolerancia, maduración y fomento del respeto hacia los oponentes y compañeros y nunca una excusa para sacar a pasear nuestra frustración e insolencia y mucho menos  una situación para maquillar nuestra ira, desencanto y desvergüenza.

Los profesores, educadores, entrenadores, árbitros, adversarios y por supuesto el hijo del vecino, no son los verdaderos causantes de nuestras desdichas, son tan solo profesionales o compañeros que nos ayudarán a lograr nuestros objetivos y merecen todo nuestro aprecio y empatía.

La soberbia, envidia, rencor y la agresividad que irremediablemente transmitimos con estos gestos y acciones dañan el deporte y nuestra credibilidad, hacen infelices a nuestros hijos, generan vergüenza y eso nunca representará las verdaderas virtudes del deporte.

Insisto, se trata de casos aislados, pero cada vez más comunes y que por su importancia dañan irremediablemente la imagen del resto y de familiares que en muchos casos se comprometen en su justa medida con la formación deportiva y educativa de sus hijos, que apoyan su dedicación y entusiasmo sin traspasar la frontera de sus asignaciones y que contribuyen con su empeño a mejorar las condiciones de preparación de los deportistas y que en estos momentos pueden sentirse injustamente agraviados.

 

Imágen

http://noticias.devenado.com/violencia-en-el-deporte-un-tema-para-abordar-con-toda-la-familia-dd236.html

 

 

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