CHAMPI.

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Agustín Artiles Grijalba –Champi-

Recientemente me han vuelto a pedir que explique los motivos de mi apodo, “Champi” y, aunque no me considero la persona más adecuada para hablar de mi mismo, intentaré aclararlo en el siguiente escrito.

Creo que es positivo y necesario recordar tus comienzos, saber de donde procedes y hacia donde diriges tus pasos. Valorar como merece tu esfuerzo y el de tus compañeros y honrar el trabajo de aquellos profesionales que pusieron a nuestro servicio sus conocimientos, con la sana intención de mejorar las prestaciones y educar nuestras vidas.

La añorada y orgullosa piscina del Parque Móvil de Madrid, me vio crecer. Tenía 11 años y sentía una enorme pasión por nadar. Quería competir y emular de paso, las hazañas de Mark Spitz en Múnich 72. Era mi ídolo, me tenía encandilado y sus records impulsaban mis emociones.

Lo tenía muy claro, ¡sería olímpico!

Ana Pacheco, Yolanda Raga, Jesús Graell, Raúl Botella, Civantos, Mariano Moya, Elena Tejero fueron tan sólo algunos de sus deportistas más aventajados, pero no los únicos. El P.M.M fue siempre cuna de campeones, hervidero de grandes nadadores y waterpolistas, referente e icono de la natación madrileña y española a lo largo de su historia.

Por aquel entonces, yo no alcanzaba ni de lejos sus prestaciones, pero tenía algo que me distinguía y hacía más poderoso, mi ilusión y constancia. Tenía claro que si quería triunfar y ser reconocido en el grupo, necesitaba mejorar mi rendimiento y, eso sólo era posible, con dedicación y perseverancia.

¡Ahí, nadie podría ganarme!

Me acuerdo perfectamente de aquel día. Eran mis comienzos en el primer equipo y mi entusiasmo dirigía mis acciones. Tenía 14 años y de repente me encontraba entrenando junto a los mejores nadadores del equipo. Realizábamos un grupo de repeticiones numerosas de cincuenta metros y yo quería ser uno de los protagonistas. Les pedí a mis compañeros de club salir  en primer lugar de las series y ellos me lo permitieron. Evidentemente, al cabo de varias de ellas mis fuerzas comenzaron a flaquear y les tuve que ceder el paso, dándome cuenta en ese instante, de mi gran error. Aprendí que mi lugar en el grupo, correspondería  a mi nivel deportivo, que debería seguir entrenando con pasión y valentía, pero con la inteligencia y paciencia necesarias para  seguir alcanzando mis metas.

Mi osadía no pasó desapercibida y uno de los nadadores más importantes del equipo, Claudio Camarena, campeón del mundo y subcampeón olímpico, con las guerreras del waterpolo español, tuvo el dudoso privilegio de premiar mi esfuerzo y me impuso el apodo de “Campeón”, que con el tiempo se transformó en “Champion” y al final se convirtió en “Champi”, sobrenombre con el que se me conoce, desde entonces, en el mundo de la natación.

Claudio, nunca pudo imaginar que su bendita ocurrencia tuviera tanta repercusión en mi vida y tampoco me importa reconocer que “Champi” representa para mi algo más que un apodo, al menos así lo siento. Sus iníciales se escriben con “C” de corazón, órgano vital, que impulsan mis actuaciones y que me permiten lograr retos, que de otra manera, me resultarían inalcanzables.También significa pasión y entrega, por una profesión que me ha dado más alegrías que tristezas, e implica cariño y agradecimiento para todos aquellos que hacen que mi vida sea más agradable y, como ejemplo, sirvan las siguientes palabras de reconocimiento de Eduardo Pajares, uno de mis mejores y más queridos entrenadores, que en cierta ocasión tuvo la gentileza de escribir en  uno de mis artículos de Notinat, el siguiente comentario.

“Un día cualquiera en aquella piscina del P.M.M de Madrid, estaba un chaval que entrenaba a tope como siempre. El entrenador no supo sacar los mejores rendimientos de aquel figura, y hoy ve con orgullo que es el mayor éxito que ha conseguido jamás. La natación estará siempre salvada con personas tan enamoradas de este deporte como tú. Me emociono al ver tu carisma y entusiasmo y mientras alguna lagrimilla asoma a mis ojos, te mando un saludo. Champi, para mi fue un orgullo conocerte y verte nadar.

Semejantes elogios nunca podré olvidarlos, ni tan siquiera la intensidad de los momentos descritos, el recuerdo de aquellas vivencias de juventud, impregnados por la magia de la idolatrada pileta de Cea Bermúdez y amenizada por los míticos y entrañables acordes del himno de “Mustafá” que propulsaba nuestras brazadas y nos hacía inexpugnables.

“Metralla, dinamita, Parque Móvil es el que pita, metralla dinamón, Parque Móvil es el mejor, en gimnasia, en waterpolo y también en natación”

 

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